ROBERTO CHALE, EL NIÑO TERRIBLE DEL BARRIO DE MAGDALENA

Roberto Chale cuenta sus mejores anécdotas del fútbol peruano

El “niño terrible” marcó una época en el fútbol peruano y se quedó en el buen recuerdo de los peruanos y hoy, con 66 años encima, mantiene intacta una “memoria fotográfica” [tal como él la describe], y alberga en ella recuerdos jocosos, sorprendentes, de una añorada etapa de nuestro balompié.

LAS ANÉCDOTAS DE CHALE:

1. Didí era un genio. En La Bombonera, en el 69, sacó antes a los arqueros a calentar. Lo mismo hice yo en el 85 con Gonzales Ganoza en el Monumental de Núñez, para que los plomos argentinos se cansen de pifiarlos. Y luego salimos a la cancha juntos y los atarantamos, no nos dejamos que nos metan ese primer gol.

2. Casi para debutar ante Bulgaria en el Mundial de México 70, nos enteramos del terremoto en el Perú, y todos nos angustiamos. Pero el dirigente que acompañó a la selección, Javier Aramburú Menchaca, agarró tierra de una maceta que estaba fuera del camarín y dijo: “¡Muchachos, tierra del Perú, bésenla!” Y nosotros, como éramos unos chiquillos, la besamos (risas) y salimos a jugar como unas bestias.

3. Como yo era flojo, Didí me despertaba y me decía: “Camarón, venga acá. Agarre sus casinos y váyase a jugar en la cancha, pero en el lugar en el que juega usted. Ahí quiero que esté. Me levantaba el ego: Yo he sido el mejor jugador de los años 62 y 68, dos Copas del Mundo, Brasil campeón del mundo y yo una de las figuras… y tú vas a ser una figura. Eso le decía a cada uno de manera individual. Por eso salíamos a jugar con el cuchillo entre los dientes.

4. El ‘Cabezón’ Mifflin nos contó que tenía su barrio en Copacabana. De Magdalena se iba de vacaciones a Brasil antes de jugar por el Santos y el Mundial del 70. Un día llegamos a Río para jugar un amistoso con la selección de Brasil, Luego que nos hospedamos, el ‘Cabezón’ nos dice “vamos a mi barrio”. Fuimos con ‘Cachorro’ y Percy. Era de noche, el ‘Cabezón’ pegó un silbido y se prendieron las luces de todas las casas en Copacabana… “eeeh, es el cabezao, es el cabezao”. Era verdad que tenía su barrio en Copacabana el ‘Cabezón’. Ahí recién le creyeron que jugaba por la selección. Y recordamos mucho ese pasaje porque se desató una lluvia, y se nos encogieron los ternos… cuando llegamos al hotel parecíamos El Chavo del 8 (risas).

5. Didí no era de pizarra, él te hablaba en la cancha. Tiraba la pelota y te hablaba con los pies. Cuando hacíamos la ruedita o ‘camotito’ que hace el Barcelona, el que estaba en el medio se mataba para salir de ahí. El doctor Eloy Campos era capaz de lesionarte. No es como ahora que veo que todos lo toman a la chacota. Imagínate que en una de esas Baylón le rompió la espalda a Didí.

6. En las Eliminatorias del 85, yo tenía la información que allá no querían que juegue Maradona ni que dirija Bilardo. Bilardo se iba a las estaciones de trenes de Retiro, Plaza Once, Constitución, en Buenos Aires, y chamullaba con los taxistas sobre lo que les comentaba la gente ¿quién quieren que juegue en la selección? Así hacía su lista.

7. A los 11 años, en el Sudamericano de 1957, con el ‘Cabezón’ nos íbamos en tranvía desde Magdalena hasta el Centro de Lima. Ahí se concentraban Brasil, Argentina. En las ventanas de un hotel del Jirón Puno pegábamos nuestras narices sudorosas, de tierra, para admirar a los cracks como Garrincha o Humberto Maschio. Años después, pudimos enfrentar a otros cracks de esos equipos.

8. Cuando jugaba en el Defensor Lima un día discutí con el técnico Roque Gastón Máspoli. Le dije: “Yo soy mundialista”. Y como el viejo era peleador, me replicó. “Con quién crees que estás hablando, yo soy campeón del mundo del 50”. Yo era un misio soberbio.

9. En el primer gol de Argentina, el ‘Panadero’ Díaz pecó de nervioso. Gonzales Ganoza probó la cancha y avisó que estaba barrosa, por eso ordené toperoles altos. Pero ‘Panadero’ me pidió probar con sus chimpunes sin toperoles. Se resbaló el huev…, Pasculi nos mete el primer gol a los diez minutos, y el nervioso me grita: “¡Roberto, mis chimpunes con toperoles!”… “¡Ándate a la c…!”.

10. Veníamos de ganarle 1-0 a River, descansamos un día, y luego enfrentábamos a Racing en Avellaneda. En ese partido, antes de salir a la cancha, el médico Belisario Sánchez nos vio que estábamos arrugando porque hacía un frío espantoso, bajo cero. Pensábamos que íbamos a perder. Entonces, Belisario botó el té que nos daban para calentarnos, sacó su coñac y lo echó en el termo. Y todos nos metimos un huaracazo. Salimos a la cancha y le ganamos 2-1 a Racing.

11. Didí se escapaba de la concentración del Leoncio Prado metido en la cajuela de un auto viejo del utilero. Se colaba todo el humo del escape. Así viajaba desde La Perla hasta Magdalena, y en el trayecto el utilero escuchaba una voz: “Cholo, Didí asfixia”.

12. En la ‘U’, Miguel Pelny nos pagaba mil soles por ganar un partido, y 100 soles más por cada gol. Eso nos obligaba a meter goles. Ahora juegan a no meter goles. La ‘U’ me botó un 6 de enero. Ese día me presenté con Fernando Cuellar para iniciar la pretemporada, y cuando estábamos entrando a la cancha se me acerca una señorita, me tocó del hombro y me dijo: “Ustedes tienen vacaciones hasta el 15”… Eso quería decir que nos habían botado (risas).

13. Mis dos hermanos jugaban mejor que yo. Guillermo, mi hermano mayor, hacía goles de caracol en el oratorio. Jugaba como Miguelito Loayza. Mi hermano menor, cuando estábamos en la selección en México, jugaba en el Porvenir Miraflores y en el barrio decían que era mejor que yo, Didí lo colocó en el América de México. Cañedo, presidente del club, le dijo a Didí: “No sé si sabrá jugar, pero si me lo recomiendas tu y se apellida Chale, que venga a jugar”. Después, todas las noticias de los periódicos daban cuenta que Chale se quedó a jugar en el América de México. Y era mi hermano (risas). Luego tuvo un problema en los meniscos.

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MIFFLIN Y CHALLE, DOS GRANDES DE MAGDALENA

Ramón y Roberto son dos “héroes” en los “libros de historia” del fútbol peruano. Mifflin y Challe son dos callejeros, dos palomillas de la vida, dos hombres de mundo, dos tíos barbaros.

Amigos, hermanos, compinches, compañeros. Se conocen desde los 10 años, mataperrearon en Magdalena y la descosieron en la cancha del oratorio. Genios en todos los sentidos.Ramón Antonio Mifflin Páez, nació el 5 de abril de 1947, en el distrito de Barranco, Lima. Curso sus estudios de primaria en el Colegio San Julián de Barranco, Posteriormente su familia se mudó al Distrito de Magdalena del Mar, en donde rápidamente se integró a la manchita futbolera que corría detrás de la de cuero en las canchita de tierra del Oratorio Salesiano.

Si bien es cierto Mifflin, venía de un “clubsito” parroquial de Barranco; sus pinitos como futbolista ocurrieron en el Oratorio de Magdalena, sagrada cuna de grandes cracks, donde peloteaba con Roberto Challe, Joaquín “Chamaco” Vera Tudela, y Héctor “Atómico” Bailetti. Fue el profesor don Eugenio Castañeda, quien tuvo el ojo de llevárselo al ya desaparecido club Centro Iqueño, donde los futbolistas jugaban más por amor a la casaquilla que por las propinas que ahí recibían. De ahí pasó al Defensor Arica, para luego engrosar las filas del Sporting Cristal. “No soy ningún santo”, declaraba ya entonces, conocido por sus míticas aventuras en un Impala rojo descapotable que iba y venía por el entonces estrecho túnel de La Herradura. Lima era otra ciudad, y Mifflin era joven, bien pagado, un ídolo del que no era difícil hacerse amigo.

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MEXICO 70
Y llegó México 70. La selección peruana deslumbró por varios motivos. Entre ellos, una sólida y compacta defensa. Una delantera arrolladora. Un Niño Terrible. Un Nene Genial. El Pícaro Perico. Y, desde el centro de la cancha, administrando pelotas, oxigenando sectores, destruyendo ofensivas rivales, un silencioso y cerebral mediocampista que respondía a contundente apelativo: El Cabezón Mifflin.
Perú quedó eliminado en los octavos de final, al caer 4 a 2 ante Brasil. Finalizado el encuentro, la Perla Negra del Brasil, el rey Pelé, cruzó la cancha para intercambiar camisetas con este ingeniero del fútbol.

EL TALANTE DEL “CABEZÓN”
Luego del mundial, los amigos y la fama aumentaron. Este talante festivo, recogido en las calles de Magdalena, que en nada suplantaba a su real valía futbolística, le afianzó nuevas oportunidades tanto laborales como de mero codeo con personalidades, roces que no desaprovechó para inmortalizarlos, según la usanza obliga, en decenas de fotos donde el jugador aparece abrazando, tocando, acercando su cara al de alguna celebridad.

Fue Pelé, al ser tentado por el Cosmos de Nueva York, quien a su vez recomendó a Mifflin ante los gringos. Es que tenía en el recuerdo el cerebral juego en México 70, luego su descollante conducción del Racing en Argentina, y el compartir equipo en el Santos de Brasil. Los dirigentes del Cosmos le dijeron lo siguiente a Pelé: -De acuerdo, viene Mifflin, pero a prueba por tres meses. En cuanto a su sueldo se lo pagará usted, señor Pelé. Si rinde, el Cosmos lo contrata y nosotros le devolvemos su dinero.

El Cosmos lo contrató, y Mifflin tuvo la oportunidad de jugar al lado de Beckenbauer, Chinaglia, Paulo César, y el escocés George Best, el mismo que tranquilamente se despachaba 15 vodkas antes de cada partido porque, en fin, jugaban contra gringos aún bisoños. Naturalmente, en Nueva York el Cabezón también hizo amigos. Uno de ellos fue Henry Kissinger, un hincha más del Cosmos.

Un día Mifflin estaba en Giants Stadium con su compañero y colega Eloy “El Doctor” Campos, cuando este último identificó a Henry Kissinger entre los asistentes.

-A ver, ¿no decías que era tu amigo? ¡Salúdalo, Cabezón!
-¿Tas loco? Si quiere, que me salude él.
Segundos después, Campos quedaba boquiabierto cuando el mismísimo Kissinger se levantaba para saludar al jugador peruano.

-¡Ramoncito¡ ¿;Qué ha sido de tu vida?
-¿De dónde lo conoces?, preguntó Campos.
-Compadre, no sabes las partidas de póquer que nos hemos mandado con Henry.

EL RETIRO
Luego del Cosmos, Mifflin jugaría en el Santa Fe de Colombia y finalmente en el Colonia de Alemania, donde terminó su carrera como jugador profesional, aunque siguió presentándose en partiditos benéficos, en Patterson y en los penales de Lima.
Tras su paso por el fútbol estadounidense regresó al Perú para jugar por el Sporting Cristal. Su último año como futbolista lo pasó en el Independiente Santa Fe de Colombia donde alternó muy poco. Tras su retiro fue llamado por el entrenador Elba de Padua “Tim” para que sea su asistente en la selección que jugo las eliminatorias y el mundial de España 1982.

Luego de su retiro fue entrenador del Carlos A. Mannucci en Copa Perú y luego en la Profesional del Sport Boys y Deportivo Pesquero.

ANÉCDOTA DE LOS COMPADRES EN “LURI”
Una mañana, el ‘Cabezón’ cogió el teléfono y llamó al ‘Niño terrible’ para que lo acompañe a visitar a un amigo enfermo. ‘Vamos y luego almorzamos por ahí’, lo invitó. Pasó a recogerlo con su auto y enrumbaron al sitio. El camino se hizo largo y de un momento a otro se estacionaron en las afueras de ‘Lurigancho’. “Qué mala suerte, malito de salud y en cana”, solo atinó a decir el jodido Roberto.

La dupla fue recibida con los honores que se merecen dos mundialistas a pesar de no ser día de visitas. Sus respectivos sellos en los brazos, abrieron las rejas y adentro. Los pabellones se alborotaron. Los presos pedían autógrafos y también un sencillo. Ya en la celda, un saludo efusivo entre el compadre de Pelé y el recluso, que lucía sanito y bronceadito. “Parecía un departamento, tenía televisión, video, equipo de música, frigobar, baño propio y más cosas”, recuerda Chale, que en un inicio se mostró nervioso por su primera vez en prisión.

El anfitrión, respetado en el penal, inmediatamente mandó a llamar a un ‘asistente’: “Traigan todo lo que piden, que no les falte nada”. Platos de comida a la carta y bebidas de todo tipo. De todo. Las horas pasaban y el trío se puso picarón. Sobre las 7 de la noche, Mifflin movidito recomendó retirarse. El maestro eufórico se rebeló: “Compadre, para qué nos vamos, aquí hay de todo, nos cuidan y la policía no nos dice nada a pesar de los desarreglos”. El ‘Cabezón’ se mató de la risa y para sacarlo tuvo que prometerle que pronto volverían a visitar a otro ‘enfermo’. Ramón y Roberto son únicos. Llenarían las salas de Cineplanet si producen ‘El Padrino IV’. Eso sí, mayores de 21 años.

Esta breve reseña deportiva de uno de los grandes del Distrito de Magdalena, es un homenaje a todos los peloteros que alguna vez corrieron detras de una pelota de cuero, en aquella canchita de tierra del Oratorio Salesiano.

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