Ramón y Roberto son dos “héroes” en los “libros de historia” del fútbol peruano. Mifflin y Challe son dos callejeros, dos palomillas de la vida, dos hombres de mundo, dos tíos barbaros.

Amigos, hermanos, compinches, compañeros. Se conocen desde los 10 años, mataperrearon en Magdalena y la descosieron en la cancha del oratorio. Genios en todos los sentidos.Ramón Antonio Mifflin Páez, nació el 5 de abril de 1947, en el distrito de Barranco, Lima. Curso sus estudios de primaria en el Colegio San Julián de Barranco, Posteriormente su familia se mudó al Distrito de Magdalena del Mar, en donde rápidamente se integró a la manchita futbolera que corría detrás de la de cuero en las canchita de tierra del Oratorio Salesiano.

Si bien es cierto Mifflin, venía de un “clubsito” parroquial de Barranco; sus pinitos como futbolista ocurrieron en el Oratorio de Magdalena, sagrada cuna de grandes cracks, donde peloteaba con Roberto Challe, Joaquín “Chamaco” Vera Tudela, y Héctor “Atómico” Bailetti. Fue el profesor don Eugenio Castañeda, quien tuvo el ojo de llevárselo al ya desaparecido club Centro Iqueño, donde los futbolistas jugaban más por amor a la casaquilla que por las propinas que ahí recibían. De ahí pasó al Defensor Arica, para luego engrosar las filas del Sporting Cristal. “No soy ningún santo”, declaraba ya entonces, conocido por sus míticas aventuras en un Impala rojo descapotable que iba y venía por el entonces estrecho túnel de La Herradura. Lima era otra ciudad, y Mifflin era joven, bien pagado, un ídolo del que no era difícil hacerse amigo.

Ver video: https://www.facebook.com/magdalenadelmar/videos/808826269166196/

MEXICO 70
Y llegó México 70. La selección peruana deslumbró por varios motivos. Entre ellos, una sólida y compacta defensa. Una delantera arrolladora. Un Niño Terrible. Un Nene Genial. El Pícaro Perico. Y, desde el centro de la cancha, administrando pelotas, oxigenando sectores, destruyendo ofensivas rivales, un silencioso y cerebral mediocampista que respondía a contundente apelativo: El Cabezón Mifflin.
Perú quedó eliminado en los octavos de final, al caer 4 a 2 ante Brasil. Finalizado el encuentro, la Perla Negra del Brasil, el rey Pelé, cruzó la cancha para intercambiar camisetas con este ingeniero del fútbol.

EL TALANTE DEL “CABEZÓN”
Luego del mundial, los amigos y la fama aumentaron. Este talante festivo, recogido en las calles de Magdalena, que en nada suplantaba a su real valía futbolística, le afianzó nuevas oportunidades tanto laborales como de mero codeo con personalidades, roces que no desaprovechó para inmortalizarlos, según la usanza obliga, en decenas de fotos donde el jugador aparece abrazando, tocando, acercando su cara al de alguna celebridad.

Fue Pelé, al ser tentado por el Cosmos de Nueva York, quien a su vez recomendó a Mifflin ante los gringos. Es que tenía en el recuerdo el cerebral juego en México 70, luego su descollante conducción del Racing en Argentina, y el compartir equipo en el Santos de Brasil. Los dirigentes del Cosmos le dijeron lo siguiente a Pelé: -De acuerdo, viene Mifflin, pero a prueba por tres meses. En cuanto a su sueldo se lo pagará usted, señor Pelé. Si rinde, el Cosmos lo contrata y nosotros le devolvemos su dinero.

El Cosmos lo contrató, y Mifflin tuvo la oportunidad de jugar al lado de Beckenbauer, Chinaglia, Paulo César, y el escocés George Best, el mismo que tranquilamente se despachaba 15 vodkas antes de cada partido porque, en fin, jugaban contra gringos aún bisoños. Naturalmente, en Nueva York el Cabezón también hizo amigos. Uno de ellos fue Henry Kissinger, un hincha más del Cosmos.

Un día Mifflin estaba en Giants Stadium con su compañero y colega Eloy “El Doctor” Campos, cuando este último identificó a Henry Kissinger entre los asistentes.

-A ver, ¿no decías que era tu amigo? ¡Salúdalo, Cabezón!
-¿Tas loco? Si quiere, que me salude él.
Segundos después, Campos quedaba boquiabierto cuando el mismísimo Kissinger se levantaba para saludar al jugador peruano.

-¡Ramoncito¡ ¿;Qué ha sido de tu vida?
-¿De dónde lo conoces?, preguntó Campos.
-Compadre, no sabes las partidas de póquer que nos hemos mandado con Henry.

EL RETIRO
Luego del Cosmos, Mifflin jugaría en el Santa Fe de Colombia y finalmente en el Colonia de Alemania, donde terminó su carrera como jugador profesional, aunque siguió presentándose en partiditos benéficos, en Patterson y en los penales de Lima.
Tras su paso por el fútbol estadounidense regresó al Perú para jugar por el Sporting Cristal. Su último año como futbolista lo pasó en el Independiente Santa Fe de Colombia donde alternó muy poco. Tras su retiro fue llamado por el entrenador Elba de Padua “Tim” para que sea su asistente en la selección que jugo las eliminatorias y el mundial de España 1982.

Luego de su retiro fue entrenador del Carlos A. Mannucci en Copa Perú y luego en la Profesional del Sport Boys y Deportivo Pesquero.

ANÉCDOTA DE LOS COMPADRES EN “LURI”
Una mañana, el ‘Cabezón’ cogió el teléfono y llamó al ‘Niño terrible’ para que lo acompañe a visitar a un amigo enfermo. ‘Vamos y luego almorzamos por ahí’, lo invitó. Pasó a recogerlo con su auto y enrumbaron al sitio. El camino se hizo largo y de un momento a otro se estacionaron en las afueras de ‘Lurigancho’. “Qué mala suerte, malito de salud y en cana”, solo atinó a decir el jodido Roberto.

La dupla fue recibida con los honores que se merecen dos mundialistas a pesar de no ser día de visitas. Sus respectivos sellos en los brazos, abrieron las rejas y adentro. Los pabellones se alborotaron. Los presos pedían autógrafos y también un sencillo. Ya en la celda, un saludo efusivo entre el compadre de Pelé y el recluso, que lucía sanito y bronceadito. “Parecía un departamento, tenía televisión, video, equipo de música, frigobar, baño propio y más cosas”, recuerda Chale, que en un inicio se mostró nervioso por su primera vez en prisión.

El anfitrión, respetado en el penal, inmediatamente mandó a llamar a un ‘asistente’: “Traigan todo lo que piden, que no les falte nada”. Platos de comida a la carta y bebidas de todo tipo. De todo. Las horas pasaban y el trío se puso picarón. Sobre las 7 de la noche, Mifflin movidito recomendó retirarse. El maestro eufórico se rebeló: “Compadre, para qué nos vamos, aquí hay de todo, nos cuidan y la policía no nos dice nada a pesar de los desarreglos”. El ‘Cabezón’ se mató de la risa y para sacarlo tuvo que prometerle que pronto volverían a visitar a otro ‘enfermo’. Ramón y Roberto son únicos. Llenarían las salas de Cineplanet si producen ‘El Padrino IV’. Eso sí, mayores de 21 años.

Esta breve reseña deportiva de uno de los grandes del Distrito de Magdalena, es un homenaje a todos los peloteros que alguna vez corrieron detras de una pelota de cuero, en aquella canchita de tierra del Oratorio Salesiano.

Ver video: https://www.facebook.com/magdalenadelmar/videos/808826269166196/

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